Hace unos días, hemos descubierto los secretos que esconden nuestros intestinos. Conocimos la alquimia de la digestión, que transforma los alimentos en parte de nuestro cuerpo y lo hacen funcionar de manera armoniosa. Descubrimos también la existencia de un sistema nervioso regulador de nuestro bienestar emocional y mental, que produce hormonas como la de la felicidad. Y supimos que además posee un centro reparador de nuestro sistema inmune… ¿No crees que se trata de funciones lo suficientemente importantes como para cuidar bien de nuestro sistema digestivo? 

Hoy te traigo una serie de prácticas que ayudarán a que tus digestiones mejoren durante el día, facilitando así el trabajo multidisciplinar de nuestros intestinos de día y de noche. Aquí van:

PASO 1: Siéntate a comer tranquilo, tómate mínimo 10-15 minutos (si no dispones de más), y haz sólo eso: comer. 

Cuando lo haces, tu cerebro siente que no hay peligro y tu sistema digestivo se relaja, se abre y se prepara para digerir. No comas de pie, caminando, frente al ordenador respondiendo emails o con prisas. Un cerebro estresado, es un sistema digestivo bloqueado. ¡Recuérdalo y tómate tu tiempo!

PASO 2: Mastica. 

Ghandi decía que debías masticar hasta convertir lo líquido en sólido y lo sólido en líquido. Tal vez sea demasiado para nuestros ritmos de vida, pero sé consciente de que la digestión empieza con las enzimas que segregamos con la saliva; deja que actúen para que lleguen mejor al estómago o a tu intestino, ¡te lo agradecerán!

PASO 3: Practica el mindfull-eating

Has de ser capaz de elegir la comida desde la consciencia, no desde el estómago: “¿qué necesita hoy mi cuerpo?” Después de comer, has de saber qué has comido, cómo sabía, qué textura tenía, cómo te está sentando… Comemos habitualmente tan deprisa y tan desconectados, que en lugar de hacerlo conscientemente nos pasamos el rato perdidos, divagando de problema en problema. ¡Practica el arte del aquí y el ahora en la mesa!

PASO 4: Practica el ejercicio del plato único y olvídate de los menús completos. 

Por lo general, llegamos con tanta voracidad a las comidas que comemos muchas más cantidades de las que realmente necesitamos. Recuerda la imagen del plato saludable de Harvard y practícalo en las tres comidas principales. 

Plato saludable de Harvard

PASO 5: Cena pronto y ligero. 

Siempre que puedas, hazlo entre las 19:00 y las 21:00 horas. Aprovecha para cenar en familia, verás que es beneficioso para todos, y recuerda que has de desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo (no lo dejes todo para la noche, no tiene ningún sentido funcional). Las cenas son aquellas comidas que conforme nos vamos haciendo mayores han de tender a desaparecer. Lo importante es comer mientras precisamos energía; por eso, si tu ritmo no es muy alto, come dos veces al día: desayuno y comida (esto no es válido para los niños). Las personas notan mucha mejoría en la calidad de su sueño cuando realizan este punto.

PASO 6: Practica los micro-ayunos nocturnos y deja que tu intestino descanse entre 10-12 horas mínimo.

Como bien sabes, por la noche el intestino se dedica a reparar nuestro sistema inmune y a fabricar hormonas y neurotransmisores responsables de una buena salud física, mental y emocional. ¡Ayúdale a hacer esta función no sobrecargándole con la digestión! 

PASO 7: Y, por último, respeta tu hora para ir al baño.

Tu intestino no es un cubo de basura, es una zona de tránsito y necesita estar lo más limpia posible para no convertir la digestión en algo que no es. 

Como ves, todos los consejos son de mucho sentido común, pero a veces es el sentido que menos practicamos… Empieza por elegir un par de ellos y ponlos en práctica; después, ve introduciendo las demás poco a poco, conforme te vayas acordando en el día a día. 

Cuida de tu sistema digestivo y él cuidará de ti.