Cierta vez, una mujer se acercó a Gandhi y le pidió que le dijera a su hijo, que tenía exceso de peso, que dejara de comer azúcar. “Señora”, contestó, “vuelva dentro de tres semanas”. Sorprendida por la petición, la mujer volvió, no obstante, con su hijo al cabo de tres semanas. Gandhi miró al muchacho y le dijo: ”Deja de comer azúcar”. Cuando el muchacho salió de la habitación, la madre se volvió a Gandhi y le preguntó por que no le había dicho esto mismo tres semanas antes. Gandhi le contestó. “Señora, hace tres semanas yo mismo comía azúcar”.

Fuente: La magia de la metáfora 

Hoy quiero empezar el camino de exploración por la primera de las 9 virtudes que poseemos los seres humanos, y que están ahí, en algunos todavía dormidas y expectantes de ser descubiertas y expresadas, con el fin de mejorar la salud global de esa persona y de su entorno. Si te parece, hoy hablaremos de la serenidad, como virtud, y de la ira, como ese déficit de serenidad. Recordando siempre que un déficit es tan sólo una capacidad o una virtud en potencia. 

Probablemente ya habrás explorado técnicas y recursos como la meditación, la relajación, la respiración o el yoga para mantenerte sereno. Hoy me gustaría dar un paso de mayor profundidad, explorando la serenidad, no como el resultado de una técnica puntual, sino como una virtud interna que posees y que puedes entrenar para convertirla en un estado permanente. Así que, si te parece, ¡comenzamos!

ENEATIPO 1: Del reformador moralista al reformador social, haz en ti el cambio que quieres en el mundo y deja a los demás vivir tranquilos

En ocasiones, nos encontramos, o tal vez somos, personas cuyo estado interior es el enfado, la ira, el malhumor… En su gesto, su ceño está fruncido, porque siempre están enfadadas y en permanente conflicto con el mundo porque nada es suficientemente perfecto. Son especialistas en encontrar los fallos, los defectos, los errores o “lo que falta”, da igual el esfuerzo que hayas puesto en ello, nunca es suficiente. Y tú te quedas mal, pero para ellos es igual de doloroso por no saber gestionar la ira y poder aceptar la realidad tal cual es. Les cuesta horrores divertirse porque lo primero para ellas es el deber, “eso del placer es para los vagos” -dirían, y necesitan estar haciendo cosas y cosas para sentirse útiles

Muchas veces predomina en nosotros un pensamiento crítico, una actitud perfeccionista, que se juzga y juzga al otro constantemente y que, en consecuencia:

1) nos hace impacientes con el tiempo que otros necesitan para hacer algo, 

2) nos convierte en intolerantes con la diferencia, creyendo que lo nuestro es lo mejor o que tenemos la razón siempre,

y 3) nos hace ser personas moralistas y prepotentes.

Resulta que hemos descubierto que “algo es bueno o malo” y dedicamos nuestro tiempo a contárselo al mundo, procurando reformar la sociedad en esa dirección y, cuando ese cambio no se da, nos cuestionan o eligen otro camino, nos enfadamos y nos frustramos al pensar que todo el mundo debe ser como nosotros. 

La aceptación de la imperfección como salida sanadora

Pero los demás son como son y es genial que así sea. Trabajar la aceptación de la realidad externa y de la nuestra propia, es el camino hacia la liberación del malestar, de la tensión y de poder soltar ese ceño fruncido.

¿Qué sucederá si empezamos a abandonar la auto-exigencia y nos permitimos respirar profundo y relajarnos y disfrutar de vez en cuando? ¿O cuando procuremos evitar ser mejor de lo que ya somos y soltemos esa tensión permanente de querer ser perfectos?

Pues sucede algo así: cuando empezamos a observar y a acoger nuestra perfección con todas las imperfecciones, surge de ahí la tolerancia y la aceptación, y de manera mágica nuestro pensamiento se torna inspirador, somos flexiblesdisciplinados e íntegros y salimos de la rigidez, para tornarnos espontáneos y compasivos con nosotros mismos y con el otro.

Desde el SER somos capaces de inspirar a los demás, desde nuestro EGO somos solo capaces de criticar, corregir y juzgar cuando nos creemos en posesión de la verdad. ¿A cuál de los dos vas a decidir alimentar? 

Si deseamos sosegar esas tormentas interiores y transformar ese enfado, esa ira, esa decepción constante, esa frustración y conquistar esa serenidad que nos pertenece, hemos de mirar cara a cara al miedo que gobierna como base de toda esta personalidad: el miedo a ser defectuoso, inútil o corrupto. Ahí está la herida que nos hizo construir una personalidad “perfecta”, para que todo el mundo nos acepte, nos elija, nos quiera, nos admire y nos vea.

Primeros pasos para conquistar la serenidad

Si te resuena todo esto, tal vez puedas empezar a cambiar las cosas para soltarte, relajarte y dejar de sostener tanta tensión interna buscando la perfección. Experimenta con estos primeros pasos, a ver qué sucede:

tabla serenidad

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