Foto cedida por Alexandra Eseverri de ASOMBRAS www.asombras.com

“Érase una vez un hombre que había oído hablar mucho de lo perfumada que era la madera de sándalo y de su gran calidad. Nunca había tenido ocasión de verla ni olerla y ardía en deseos de hacerlo. En su afán por satisfacer su anhelo, comenzó a escribir cartas a todos sus amigos de todo el mundo para que le enviasen un trozo de esa preciada madera. Escribió innumerables cartas a lo largo de los días, y de sus noches, y siempre hacía el mismo ruego: “Por favor, no dejéis de mandarme un trozo de madera de sándalo”. Pasaron los días y los meses, y mientras escribía una de estas cartas, mordisqueó el lápiz y al momento se quedó abstraído oliendo el aroma que desprendía. Entonces, lleno de alborozo, se percató de que la madera del lápiz que poseía era, precisamente, de sándalo.”

Fuente: Cuentos de los grandes maestros espirituales. Ramiro A. Calle.

Caminando del Tener al Ser, los primeros pasos

Antes de adentrarnos en la exploración y la conquista de las 9 virtudes que emana el ser humano, hemos de hacer un alto en el camino: un pequeño paso previo que nos va a llevar a adentrarnos en nosotros y a explorar nuestra sombra, eso que negamos y que no nos gusta que nadie vea. Pero es necesario entrar en esos espacios para poder acogerlos, limpiar de telarañas y abrir las ventanas para que entre la luz y el aire fresco, y así podamos ver con nitidez los tesoros que esos espacios esconden: nuestras virtudes. 

Todos los seres humanos nacemos con todas las capacidades y virtudes en nuestro interior, es algo innato a lo que somos; por eso, todos podemos hacerlo, sólo tienes que querer y ponerte a ello. Piensa en cómo te sientes cuando vences la pereza y te metes de lleno a hacer una limpieza a fondo de tu habitación y de tus armarios… Más ligera, fresca y feliz, ¿verdad? Pues venga, ¡vamos a ello!

Primer paso, descubriendo la sombra y las pasiones dominantes

Permíteme, antes de hablar de virtudes, que comencemos entendiendo qué son las pasiones dominantes y cuál es el origen de nuestra “sombra”. Si no, sería como empezar la casa por el tejado. No te asustes si nunca has oído hablar de estos conceptos, seguimos hablando de ti y de mí. Piensa que aquel que brilla mucho es porque ha construido su amor iluminando sus sombras. Así que voy a procurar explicarte estos dos conceptos de la mejor manera que sé, para que puedas reconocer e ir poniendo luz en tus sombras y, así, alcanzar la llave de la felicidad, de la que hablábamos hace unos días.

La pasión dominante es aquello que no puedes dejar de sentir, aunque te encantaría, y que está unido a una manera propia de pensar y de hacer inconsciente, automática y repetitiva y que no siempre es del todo sana, ni para ti ni para tu entorno. 

Te pongo algunos ejemplos: 

“No puedo soportar el desorden de mi hijo adolescente y, al final, entro y se lo pongo todo como debe estar.”

”No puedo estar sin hacer nada, me siento inútil, y hago y hago y hago.”

 “No puedo evitar acumular: dinero, sellos, conocimiento o cualquier otra cosa, es superior a mí.” 

“No puedo decir que no porque no quiero que digan que soy egoísta o mala.”

“Prefiero que los demás decidan por mí, tengo miedo a equivocarme.”

Todo este proceso de pensar-sentir-hacer tan inconsciente, visceral e impulsivo, y en apariencia tan poco manejable, surge de un miedo básico e inconsciente que aparece en todos los seres humanos alrededor de los 2 o 3 añitos, cuando el niño ya es capaz de erguirse sobre sí mismo, de caminar y de explorar: se puede esconder debajo de la cama para darte un susto, puede alcanzar el bote de galletas trepando por la silla y la encimera o decirte que no se pone la chaqueta. El “YO”, el “NO y el “MIO” son las tres palabras que más usan en este momento vital. 

Tomar consciencia del YO propio, ojalá pudiésemos acordarnos, es un momento de una profunda alegría, realmente maravilloso, que lo cambia todo para siempre. Pero, en ese mismo instante, el niño se vivencia también desconectado del resto y se ancla en nuestro corazón el MIEDO a estar solos, el MIEDO al abandono, el MIEDO a no ser querido. Desde ese mismo instante, hacemos lo posible y lo imposible, lo “bueno” y lo “malo” para tener la mirada, la atención o el cariño de los que nos rodean. 

Y así, vamos elaborando un personaje, el también llamado EGO, de quien seguro habrás oído hablar, que va creciendo y ganando protagonismo “para que no nos dejen solos”, hasta que terminamos por olvidarnos de nosotros mismos, haciendo lo que sea para que los demás nos acepten y nos quieran. ¿Qué es si no la PEREZA, sino el olvido de uno mismo? O acaso, cuando sé que hacer deporte es bueno para mí y digo: “ay qué pereza, mañana lo hago” ¿no me estoy olvidando de cuidarme, de amarme y, en definitiva, se produce un abandono de mí misma?

En base a este miedo a la soledad o al abandono, vamos dejando en la parte de atrás aquello que somos, pero que no mostramos porque parece que no gusta, que no es aceptado, que no es correcto, que no es exitoso, que no es “bueno”… Ahí se va formando nuestra sombra, eso que no dejamos ver a los demás y que terminamos por no aceptar nosotros mismos “por el qué dirán”, “porque no me abandonen”, “porque  tengo miedo quedarme sola”.  No me estoy refiriendo a impulsos o acciones que dañan a los demás, sino a aspectos de nuestro ser que oculto porque hacen que no sea perfecta, querida, admirada o deseada para los demás. 

Volviendo a uno de los ejemplos de antes, tal vez se vea más claro. La madre que no puede soportar que su hijo sea un desordenado, por ejemplo, ¿qué crees que es lo que no soporta en realidad? Pues precisamente que el hijo sí se permita ser desordenado. Probablemente ella de pequeña vivenció que siendo una niña “perfecta” (ordenada, disciplinada, estructurada, trabajadora, controladora, moralista, “aquella que todo lo sabe”), sus padres, sus maestros y su entorno le admiraban, le respetaban, le felicitaban… y poco a poco, fue escondiendo y no mostrando, que ella también es desordenada, indisciplinada, caótica, relajada, flexible o espontánea. 

El enfado, la ira, la envidia o el no soportar al otro en una cualidad -la que sea-, solo sucede porque esa persona nos hace de espejo de nuestra sombra, de aquello que no aceptamos de nosotros mismos, porque creemos que haría que los demás no nos quisiesen o aceptasen si lo viesen.

Pasemos a la acción: primeras tareas

Si te parece, podemos empezar a explorar todo esto y, para ello, te propongo unos ejercicios:

1er EJERCICIO Puedes comenzar por explorar: ¿qué es lo que no soporto de los demás?

Ahí puedes encontrar información acerca de qué parte de ti has de empezar a acoger, a querer y a respetar. Porque todos nacemos con todas las capacidades en sus polaridades: soy confiado y desconfiado, soy víctima y soy responsable, soy caprichosa y soy humilde, soy impulsiva y tengo autocontrol… El tema está en cuál de las dos polaridades alimento en cada momento de forma consciente. Y todo está bien, igual que nacemos con dos manos y dos piernas y no se nos ocurre usar solo la mitad, lo mismo pasa con todas estas capacidades: no hay buenas o malas, se trata de expresarlas, desde la libertad y no desde el miedo, en el momento oportuno y en coherencia y respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

2º EJERCICIO Haz un listado con tus déficits y tus cualidades

Con este segundo ejercicio, puedes tener una idea de cuál es tu punto de partida y en qué aspectos puedes empezar a trabajar. Recuerda que un déficit tan sólo es una cualidad o una virtud en potencia, así que ahí puedes tener otra pista.

3er EJERCICIO Práctica la observación de que LA REALIDAD ES NEUTRA y date cuenta de qué sucede

¿Qué hace que un día un coche casi te envista en una rotonda y respondas con insultos y gestos impropios, y que en cambio otro día pienses “pobre, como no vaya con más cuidado tendrá un buen susto”? El hecho en sí es un coche que entra en la rotonda sin respetar las señales de preferencia, ¿qué cambia en ambos supuestos? Sólo cambias tú, los hechos son neutros pero tu reacción ante ellos depende de cómo estés tú por dentro, de con qué gafas hayas decidido salir ese día a la calle.

En la vida tan solo hay hechos, pero según cuál sea nuestra moral, nuestra educación, nuestros valores, nuestras creencias o aspiraciones, o nuestros estados anímicos, elaboraremos unas actitudes, comportamientos o decisiones diferentes, que harán que vivamos la realidad con unas gafas de un color u otro. Date cuenta de ello en tus prácticas y observa qué cambia cuando ves la realidad como algo neutro y no personal.

Y con estos ejercicios, lo dejamos hasta el próximo artículo. ¡Buen camino!

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