Si observamos a nuestro alrededor, todo en la naturaleza presenta ciclos y ritmos temporales: el sistema solar y el movimiento de los planetas, los ciclos lunares, las mareas, las estaciones, la vegetación… Pero, ¿qué ocurre con nuestro cuerpo? La variable “tiempo” realmente forma parte de todos los seres vivos, y el ser humano no es una excepción.

El orden y el ritmo tienen como objetivo la supervivencia y la generación de salud día y noche. Por ello, es importante recuperar en la práctica médica aquello que los antiguos ya descubrieron y que la ciencia moderna ahora investiga y demuestra: la cronobiología aplicada a la práctica asistencial. 

¿Podría ser un paso hacia la nueva medicina que los médicos nos convirtiésemos en relojeros?

Hesíodo escribió hacia el 700 a.C. que “las enfermedades caen sobre los hombres algunas de día y otras de noche”. Hoy en día se sabe, por ejemplo, que los infartos de miocardio suceden con mayor frecuencia entre las 6:00 y las 12:00h. 

Hipócrates, el “padre de la Medicina”, aconsejaba en el 400 a.C. que se investigara en los movimientos de los astros y en las estaciones del año para comprender el carácter cíclico de las enfermedades y del predominio en los órganos internos del hombre. Cuando yo trabajaba de residente haciendo guardias en el hospital, me llamaba mucho la atención lo que denominaba “noches temáticas”: noches en las que despuntaban claramente unas patologías sobre otras (a veces atendíamos sin parar infartos de miocardio, otras noches cólicos nefríticos, traumatismos o ideas de suicidio…). Siempre me quedé con las ganas de hacer un registro objetivo diario y establecer patrones de ritmo para empezar a estudiarlos.

Por su parte Aristóteles, en el 350 a.C., escribió un tratado “Acerca del sueño y de la vigilia”, en el que exploraba la función del sueño a partir del ciclo actividad-reposo. Y más tarde Galeno, en el 150 d.C., reflejaría de manera detallada el carácter rítmico de las funciones vitales durante el día y durante la noche. Hoy en día, hemos podido identificar la presencia de un grupo de neuronas en el núcleo supraquiasmático del hipotálamo como responsable de mantener este “orden temporal interno” sincronizado directamente con un ritmo externo, el de la luz/oscuridad. Por ello, las personas con trabajos a turnos o las que sufren jet-lag, que rompe la sincronización del ritmo externo/interno, pueden presentar alteraciones en sus funciones vitales. 

En la historia de nuestra medicina, la entrada de la corriente mecanicista desbancó todo este conocimiento sobre la dimensión temporal del cuerpo humano, quedándonos en una visión puramente materialista. Sin embargo, algunos investigadores han seguido el testigo de nuestros ancestros y hoy podemos decir que la cronobiología es una ciencia moderna, que rescata ese conocimiento y le aporta una visión más holística, integrativa y adaptada a nuestros tiempos. 

Hoy en día, sabemos que el cuerpo humano funciona como el engranaje de un reloj suizo, es decir, de manera ordenada, rítmica y sincronizado con la luz/oscuridad del exterior. 

Este conocimiento puede ayudarnos a comprender la enfermedad con una nueva mirada, nos puede proporcionar vías más eficientes de diagnosticar y de tratar a través del orden y el ritmo en el día a día. Posiblemente, en un futuro, los médicos seamos los nuevos relojeros del cuerpo humano y nuestra labor sea la de ayudar a ajustar esos ritmos, a veces desajustados por los estilos de vida actuales. 

¡Recuperemos el tiempo perdido!

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