Efectivamente, nuestro intestino alberga alrededor de 400 especies de bacterias, que en conjunto se denominan microbiota o flora intestinal. Suponen unos 2 kg. del peso corporal y, tienen tanta importancia en el correcto funcionamiento del organismo, que los expertos la consideran un nuevo órgano

La microbiota se empieza a formar desde el momento en que nacemos, a través del canal del parto, y posteriormente mediante la leche materna, el contacto con el mundo exterior y la alimentación. Este ecosistema representa una composición única para cada individuo; de hecho, empieza a hablarse de ella como la “nueva huella dactilar”.

En esta masa viva conviven bacterias sanas y bacterias patológicas, pero debe haber una predominancia de las primeras para que exista un equilibrio. ¿Qué ocurre cuando se produce un desequilibrio en la microbiota? Se produce una disbiosis que no sólo afecta al aparato digestivo, sino que influye en los procesos inflamatorios o inmunitarios, y en enfermedades como la obesidad, la diabetes o el cáncer, pudiendo afectar incluso a la salud mental.

¿Qué podemos hacer entonces para cuidar nuestra flora intestinal? Tenemos una clave en la alimentación: el consumo de alimentos prebióticos (como futas o verduras) o probióticos (como el yogur), además de una correcta hidratación y la práctica de ejercicio físico regularmente, son los mejores aliados para una microbiota sana.

Cuida de tu flora… y ella cuidará de ti.