Los dispositivos móviles ya son una prolongación de nuestro propio cuerpo. Nos acompañan allá donde vamos y están presentes en casi todas nuestras actividades. Esa presencia continua suscita dos grandes problemas, de los que cada vez se habla con mayor frecuencia: la privacidad y la necesidad de desconexión digital.

No hablaremos hoy del tema de la privacidad, pues es complejo y requiere un acercamiento amplio. En cualquier caso, sí recomendaría empezar a leer sobre la necesidad de velar por nuestros datos, pues el mero hecho de conocer la realidad ya nos incita a ser más precavidos.

De lo que realmente me gustaría hablar en este momento es de la necesidad de desconectar. ¿Cómo podríamos hacer de nuestro dispositivo móvil una herramienta más útil y menos intrusiva?

Llevar en el bolsillo un ordenador con conexión inmediata al conocimiento y al entorno social es un avance para nuestra sociedad, sin duda. La cuestión es: ¿cuál es el rol del usuario frente a esa inmediatez de acceso?

¿Tiene el usuario la capacidad de acceder inmediatamente a la información y a su medio social? ¿O son la información y el medio social los que tienen la capacidad de acceder inmediatamente al usuario? La posición activa o pasiva que tomamos frente a nuestro dispositivo móvil determina su idoneidad como herramienta a nuestro servicio. 

Si otorgamos a nuestras aplicaciones la capacidad de irrumpir en nuestra vida en el momento que lo requieran, estaremos haciendo del dispositivo algo realmente intrusivo. Existen estudios que revelan el carácter disruptor de estos aparatos, que pueden reducir el rendimiento y la concentración y llegar a destruir momentos sociales y vitales.

Por eso tengo intención de hablar, en una serie de posts, de formas sanas de utilizar el dispositivo móvil, sacando su mejor provecho sin caer en gran medida en sus aspectos negativos.

Empecemos hoy con la primera recomendación: eliminar toda notificación sonora o visual de tu dispositivo. Te invito a pasar a una cultura según la cual seas tú, como usuario, el que decidas el momento de mirar todo aquello que puede darte la hiperconexión. No dejes que las vibraciones y los tonos estén perpetuamente replicando y distrayendo tu rutina.

Puede que con este consejo desaparezcan muchas cosas aparentemente interesantes, como participar en tiempo real en conversaciones de whatsapp o atender a la reacción virtual instantánea de una publicación en alguna red social. Yo, por mi parte, he dejado que sea mi día a día el que dicte si estoy presente o no en ese momento. Si casualmente mi actividad es poco importante y me permite participar de la inmediatez, a veces me sumerjo en ella. Otras, sin embargo, me mantengo al margen. 

La mayor parte de las cosas que tratamos como urgentes o inmediatas no lo son. Pero si estás habituado a una atención constante hacia el dispositivo móvil, puede que tu cuerpo reaccione con ansiedad ante la falta de hiperconectividad, teniendo que hacer un esfuerzo para seguir este consejo.

Es posible también que tengas que acostumbrar a tu entorno a un canal de comunicación para cosas realmente urgentes y otro para cosas que no requieren inmediatez. En mi caso, suelo mantener siempre en silencio el dispositivo, sin vibración y sin notificaciones emergentes (sólo las veo si desbloqueo el aparato). He decidido tener una pulsera conectada al móvil que vibra únicamente cuando recibo una llamada (habría que ver cómo convive este hábito con el tema de la privacidad, pero de momento me reporta más ventajas que inconvenientes).

Ahora bien, esta recomendación requiere generar la capacidad de no sustituir las notificaciones por ansiedad frente a la falta de las mismas; la práctica y el tiempo nos ayudarán a no necesitar observar perpetuamente el dispositivo para ver si ha llegado algún mensaje.

En general, todos aquellos que han seguido mi consejo comentan que encuentran ventajas, y consideran que ha mejorado su día a día optimizando el uso de su aparato. A pesar de que todos, de vez en cuando, nos entreguemos a la hiperconectividad… la diferencia es que yo ya lo hago como una decisión consciente, no como una acción rutinaria.

Dejar menos margen a la interrupción nos permite disfrutar de momentos con más presencia y seguir procesos laborales, sociales u ociosos más conscientes. 

A mí me parece una gran ventaja, ¡y no soy el único que piensa así! Mira esta noticia. Yo te animo a que lo pruebes y empieces a tomar un rol más activo en la gestión de tu herramienta móvil. ¿Te atreves?

Ayúdanos en nuestra misión para democratizar el conocimiento médico. Si te ha parecido útil, compártelo en tus redes. ¡Gracias!